La historia que nadie te contó: cómo Graham, Abel, Haas y Kolff construyeron, en más de 150 años, la base científica que hace posible salvar millones de vidas cada año.
Llevas años viendo una máquina de diálisis funcionar. O eres paciente que se conecta tres veces por semana. O eres estudiante aprendiendo el procedimiento. Pero nadie te contó cómo llegamos hasta aquí. La hemodiálisis no apareció de la noche a la mañana. Detrás de cada máquina hay más de 150 años de ciencia, de fracasos, de guerra, y de personas que no se rindieron.
Esta es la historia de los cuatro pioneros que lo hicieron posible.
Químico. Inventó el término "diálisis" y construyó el primer dialyser de papel pergamino. Base física de todo lo que vino después.
Farmacólogo. Construyó el primer circuito extracorpóreo en animales. Acuñó el término "riñón artificial" — artificial kidney.
Médico. Realizó la primera hemodiálisis humana documentada. Introdujo la heparina en el procedimiento en 1928.
Médico e inventor. Construyó el primer riñón artificial funcional bajo ocupación nazi. Primer éxito clínico claro en 1945.
Primera parada: 1861. Ni hospitales, ni pacientes, ni máquinas. Solo un químico escocés en un laboratorio de Londres llamado Thomas Graham.
Graham estaba estudiando cómo se mueven las sustancias en los líquidos. Y descubrió algo fundamental: si separas dos soluciones con una membrana delgada, las sustancias pequeñas —las que él llamó cristaloides— la atraviesan. Las grandes —los coloides— no pasan.
Eso que acabas de leer es la base física de todo lo que hacemos en diálisis. Todavía hoy, en 2026, ese principio de difusión a través de una membrana semipermeable es exactamente lo que ocurre en cada sesión.
Pero Graham fue más allá. Construyó un dispositivo —lo llamó dialyser— que era básicamente un aro de madera con papel pergamino como membrana, flotando en agua. Y lo usó para algo muy específico: dializar orina y recuperar urea desde el líquido del otro lado.
Urea. El mismo marcador que medimos en cada sesión de diálisis hoy. Graham ni sabía que estaba fundando una especialidad médica. Solo estaba haciendo química. Pero le puso nombre a algo que iba a salvar millones de vidas: lo llamó diálisis.
"De un aro de madera y papel pergamino a lo que tenemos hoy. Más de 150 años de personas que no se rindieron."— Raíces Médicas · Serie Orígenes de la Hemodiálisis
Pasamos cincuenta años hacia adelante. Estamos en Baltimore, 1913. Y un farmacólogo llamado John Jacob Abel hace la pregunta que cambia todo: ¿Y si pudiéramos hacer esto con sangre viva?
Porque hasta ese momento, Graham dializa líquidos en un laboratorio. Abel quiere dializar sangre de un ser vivo: sacarla del cuerpo, limpiarla, y devolverla. Lo que construye se llama vividiffusion —difusión en vivo—. Un circuito cerrado: una cánula en una arteria, otra en una vena, y entre las dos un aparato con tubos de colodión sumergidos en solución salina.
La sangre entra, las sustancias tóxicas atraviesan la pared del tubo, y la sangre limpia regresa al cuerpo. Lo prueba en perros. Funciona.
Pero hay un problema enorme: ¿cómo evitas que la sangre se coagule fuera del cuerpo? Abel usa hirudina —un anticoagulante extraído de sanguijuelas—. No era práctico ni seguro para humanos. Pero Abel había demostrado que el concepto funcionaba. Y por primera vez alguien habla de esto como un riñón artificial —artificial kidney—, término que aparece en sus publicaciones de 1913 y 1914.
Ahora viene el personaje más olvidado de esta historia. Y es una injusticia, porque lo que hizo fue extraordinario.
Georg Haas. Alemania, 1924. Ciudad de Giessen. Haas toma el trabajo de Abel, lo mejora, y hace algo que nadie había hecho antes: conecta a un ser humano.
El primer paciente recibe diálisis durante 15 minutos. Con hirudina como anticoagulante. Con tubos de colodión en forma de U dentro de un cilindro de vidrio. Quince minutos —hoy una sesión dura cuatro horas— pero en 1924 esos 15 minutos eran la frontera entre lo que era posible y lo que no.
Entre 1924 y 1928, Haas repite el procedimiento en varios pacientes urémicos y publica los resultados. Y en 1928 hace algo que va a ser clave para el futuro de toda la especialidad: introduce heparina como anticoagulante en lugar de hirudina.
Haas nunca recibió el reconocimiento que merecía. Murió en 1971 y durante décadas su nombre fue prácticamente desconocido fuera de Alemania. Fue el artículo de Dobrin Paskalev en Dialysis & Transplantation (2001) el que rescató su figura con documentación primaria, reconociéndolo formalmente como el autor de la primera hemodiálisis humana documentada. La historia a veces es injusta con los pioneros.
Si eres profesional de diálisis, la heparina te suena muy familiar. Es la misma heparina que seguimos usando como anticoagulante estándar en hemodiálisis. Haas la introdujo hace casi 100 años y nunca salió del procedimiento.
"En salud, muchas innovaciones avanzan así: pasos pequeños, a veces invisibles, pero cada uno abre la puerta al siguiente."— Raíces Médicas · Historia de la Nefrología
Y llegamos al nombre que probablemente ya conoces: Willem Kolff. Países Bajos. Segunda Guerra Mundial.
Kolff no parte de cero. Conoce el trabajo de Abel, conoce a Haas. Pero ve el problema con claridad: las máquinas que existían tenían muy poca superficie de membrana. No limpiaban suficiente sangre. Su solución: más superficie. Mucha más.
Y el material que elige como membrana es tripa de salchicha — celofán. Porque en la Holanda ocupada por los nazis no había materiales médicos: había lo que encontrabas. Con la ayuda del director de una fábrica local de esmalte, Henrick Berk, en 1942 construye el primer riñón artificial de tambor rotatorio: 40 metros de celofán enrollados alrededor de un tambor que gira dentro de un tanque de solución de enjuague. Al girar, la sangre recorre toda la longitud del tubo liberando sus toxinas hacia el líquido del tanque.
Los primeros 15 pacientes mueren. Pero no por la máquina —mueren de sus enfermedades—. Y Kolff puede controlar los niveles de urea. La diálisis está funcionando. Entonces llega 1945. El paciente número 17. Una mujer de 67 años, en coma urémico. Tras horas de diálisis, abre los ojos.
"Cuarenta metros de membrana. Graham había usado un aro de papel pergamino. Entre ambos: 84 años de ciencia y una guerra."— Raíces Médicas · Serie Orígenes de la Hemodiálisis
Terminada la guerra, Kolff no patentó su invento. Donó sus cinco riñones artificiales a hospitales en Londres, Polonia, La Haya, Montreal y el Hospital Mount Sinai de Nueva York. Compartió los planos libremente. La hemodiálisis dejó de ser un experimento en un pueblo holandés y se convirtió en una posibilidad real para el mundo.
El principio físico. La membrana semipermeable. El término "diálisis". Sin su trabajo de laboratorio en 1861, nadie habría sabido qué construir.
El primer circuito extracorpóreo. La demostración en animales. El nombre: riñón artificial. El puente entre laboratorio y medicina.
El primer paciente humano. La heparina. La prueba clínica de que era posible. El pionero más olvidado y más valiente de la historia.
La máquina que funcionó. El primer éxito clínico claro. La generosidad de compartirlo todo. El punto de partida de la hemodiálisis moderna.
Kolff resolvió la falla renal aguda. Pero los pacientes con enfermedad renal terminal crónica seguían sin solución. Eso lo cambió Belding Scribner en Seattle, a las 4 de la mañana, con un conector de Teflón en forma de U. Esta es la Parte 2.
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